¡No los utilices!

¡No los utilices!

Ana está inquieta. Hace más de un mes que no está con su padre. Hablan por teléfono a menudo, pero no es lo mismo. No ha podido contarle todas las cosas que le han pasado, las excelentes notas que ha sacado y que se ha enamorado de Diego. Está deseando ver a su papá. Ana tiene siete años…

Jose no se acuerda de la cara de su madre. Eso es lo que más le entristece. En su casa no hay ninguna foto de ella, y sus tías nunca le cuentan  nada. Ya hace un mes que habló con ella por teléfono. Tenía la voz rara. Le dijo que estaba deseando verle y que hacía todo lo posible para lograrlo. Jose tiene seis años…

Estas situaciones son reales, puede que demasiado cercanas para muchos de vosotros. Para los afortunados que hemos tenido la inmensa suerte de poder ver crecer a nuestros hijos, a lo mejor nos suenan lejanas. Pero no lo son.

Esta realidad es el efecto más indeseable de la ruptura de una pareja. En lo primero que se ha de pensar en medio de una ruptura, es en las consecuencias que nuestra decisión puede tener sobre nuestros hijos e hijas, en qué les va a suponer a ellos dejar de ver a su papá o a su mamá. Vivir esta situación es sumamente difícil para ellos.

Puede que pensemos que alargar una convivencia que ya no se sostiene, por el bien de nuestros hijos, sea la solución. Pero a veces, con esto, lo que estamos transmitiendo a nuestros hijos e hijas es contraproducente, ya que el principal ingrediente para la educación y la convivencia con ellos ha de ser el amor y el respeto, y esto se hace imposible en un hogar donde los padres son infelices y ya no tienen estos sentimientos el uno por el otro, ni son capaces de transmitirlos. Así que la decisión no es nada sencilla, y además tiene muchos matices. Pero hoy vamos a centrarnos en las consecuencias emocionales que todo esto tiene para los pequeños y pequeñas de la casa.

En primer lugar, no debemos extender nuestras propias emociones a nuestros hijos e hijas. Ellos no lo van a entender. Hay una ruptura en la pareja, y cualquier intento de explicarles lo que ocurre, puede llevarles a sentirse culpables. La simple explicación de que mamá y papá los quieren mucho, y que ahora mamá y papá ya no van a estar juntos, con alguna  variación, es suficiente. A veces nos enredamos en explicaciones y lo que conseguimos es confundirles. No debemos perder de vista que lo que hay que destacar en estos momentos es el inmenso amor que sentimos por ellos.

En segundo lugar, por descontado, no los utilicemos. Esta es otra consecuencia indeseable y demasiado común, por desgracia, de una ruptura de pareja. Nuestros hijos e hijas no pueden sentirse utilizados, como si fueran instrumentos para hacer daño al otro; porque esto, a quien de verdad le perjudica, es a nuestros niños. Y las consecuencias que todo esto va a tener sobre la formación de su carácter, sobre su autoestima y su salud mental en general, son realmente perjudiciales.

En tercer lugar, es muy importante que facilitemos el contacto con el otro progenitor. Si nosotros no somos capaces de llegar a un acuerdo, la mejor opción es solicitar la ayuda de un mediador. No debería ser el juez o el abogado el que decidiera sobre este tema. Lo deseable es que nosotros llevemos nuestro acuerdo ya elaborado, y que lo cumplamos.

Con estos tres sencillos consejos, podemos manejar mucho mejor una situación compleja y difícil. Lo principal es que tengamos en la mente, por encima de todo, mantener el bienestar de nuestros hijos e hijas. Va a ser un ejercicio de amor y generosidad hacia ellos, que constituirá el mejor legado que les podamos dejar.

Este artículo está dedicado a todos los padres y madres que han seguido estas pautas, consiguiendo transmitir estos valores a sus hijos e hijas. También está dedicado a todos los que  se ven privados de estar con sus hijos, por incomprensión o resentimiento.

Si los quieres, piensa en ellos, no en ti.

(Fuente del artículo: Cámbiate, psicología para entendernos, por Leocadio Martín Borges)

 

Comentarios (2)

Es toda una realidad ,con consejos costructivos y fuente rica de sentimientos para los hijos q’ primero son ellos

    Así lo creemos nosotros también, Sonia. Muchas gracias por dejarnos tu comentario!

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