LUCÍA: EXTERNALIZANDO EL ANSIA POR COMER

LUCÍA: EXTERNALIZANDO EL ANSIA POR COMER

“LUCÍA: EXTERNALIZANDO EL ANSIA POR COMER”

 

Un ejemplo de la técnica de la externalización

Pensemos en alguien, a quien podemos llamar Lucía, que tiene dificultades para controlarse en el tema de la comida. Lucía no quiere engordar pero le cuesta mantener su peso porque a menudo se pone a picotear y sin darse cuenta con un poquito de aquí y otro de allá… ya sabes… Lo que es importante en primer lugar es que Lucía entienda que aparte de que le gusta comer, lo cual es muy normal, probablemente encuentre que ese comer que no es capaz de controlar está relacionado con sus emociones. De manera que cuando pedimos a Lucía que analice cómo se siente cuando picotea, o qué hace, nos dice que está aburrida, o se siente frustrada por algo que no le salió bien o que se siente sola. Entonces hablamos de un “comer emocional”. Abramson[1] nos plantea que son varias las emociones que pueden estar siendo canalizadas a través de la comida, como son la tristeza, la ansiedad, la soledad… y recomienda dejar todo el esfuerzo que se emplea en llevar a cabo múltiples dietas, hasta que se resuelva primero el tema emocional.

Ahora apliquemos la externalización al caso de Lucía. Ella ve como el problema, ese ansia por comer, así que podemos empezar externalizando el “ansia de comer”, es mejor que la propia comida, ya que ésta es buena, el problema no es la comida en sí, sino lo que lleva a que uno no tenga control sobre cuánto, cómo y lo qué come. Una vez decidido qué externalizar y habiendo puesto un nombre, nos toca crear distancia entre la persona y lo externalizado. Para ello vienen las preguntas que ayudan a dar entidad propia, que hacen que “el ansia de comer” sea alguien con quien enfrentarse. Veremos qué hace pensar, qué hace sentir, qué dice “el ansia de comer”, cómo le tienta, en qué momentos se aprovecha, cómo lo hace, dónde lo hace, con quién… También exploraremos cómo le afecta a su vida y a sus relaciones. Y entonces empezaremos a contraponer la propia voz de Lucía a la voz del “ansia de comer”. El siguiente paso es ver que Lucía está dispuesta, con ánimo y fuerzas, aunque sean pocas, para enfrentarse a ese enemigo, para dominarlo, para controlarlo, y si está dispuesta a ello trazaremos un plan. Ese plan tiene que ver con el análisis de las cosas que alimentan el ansia de comer, por ejemplo, en este caso veremos que son los sentimientos de soledad, la frustración… siendo éstas las emociones que hay que tratar. Poner a régimen ese “ansia de comer” (que no es poner a régimen a Lucía), se llevará a cabo tomando medidas, buscando alternativas a las necesidades que tiene y evitando todo aquello que da fuerza al ansia de comer. Para Lucía le vendrá bien estar menos en casa, promover las relaciones de amistad, hablar mas con su pareja de cómo se siente y de la lucha que está teniendo, desahogar cuando se siente mal porque las cosas no han salido como pensaba, quizá tiene que ser menos exigente consigo misma, también puede pasar de un picoteo cotidiano a uno especial, escogiendo un día de la semana para ello, y no haciéndolo sola sino acompañada, etc. Lo que sirve para Lucía no tiene que servir para otros. Todo depende de lo que cada uno descubre que es lo que alimenta el problema y los recursos para ponerle freno.

Una vez comienzan los cambios, encontrando días en que Lucía es capaz de no picotear, días en los que está ganando terreno al “ansia de comer”, entonces empezamos a verlo como excepciones que hay que agrandar, reforzar, y relacionar con las capacidades y recursos que Lucía está demostrando que tiene para vencer ese enemigo. Quizá descubrimos que Lucía tiene fuerza de voluntad, y pensaba que no, o que es cabezona, y así como es exigente para las otras cosas, está aprendiendo a ser exigente con el “ansia de comer”, poniéndole límites claros.

Finalmente, cuando Lucía sienta que “el ansia de comer”, aunque le siga rondando, está domesticado, entonces celebrará lo que ha conseguido, y tendrá unas palabras antes de brindar, para decirle al “ansia de comer” que a partir de ahora, ella toma todo el control y que solo podrá dejarle salir en momentos puntuales y por propia decisión.

Paralelo a esto es posible que en la vida de Lucía haya habido otros cambios significativos. Quizá un cambio de trabajo, un asesoramiento matrimonial, un desistir de hacer mas dietas, un cambio de actitud ante las cosas que no salen perfectas, retomar  amistades, alguna actividad lúdica, etc… que han sido de ayuda para conseguir superar a su contrincante.


[1] Edward Abramson. “El comer emocional”. Bilbao: Ed. Descleé de Brouwer.