Las reglas inconscientes en las familias

Las reglas inconscientes en las familias

Un aspecto mas de las llamadas dinámicas “invisibles” de las familias, tiene que ver con las normas, las reglas que se asumen como normativas, en términos absolutos, que no son conscientes, pero que guían nuestra conducta y las expectativas que tenemos sobre los demás.

Algunas son muy importantes, puede ser que no se permita expresar sentimientos negativos, no es que se haya puesto esa norma en casa, pero toda la familia lo vive así, los padres son modelo de ello y, si en alguna ocasión algún miembro de la familia se ha atrevido a manifestar una, se ha encontrado con reacciones muy contrarias. A veces encontramos que hay temas que si papá está o mamá está no se pueden tratar. O que cuando papá se ríe, todos nos reímos. O que cuando hay visitas parecemos la familia feliz. Pero también nos encontramos otras reglas que parecen tontas pero tienden a ser rígidas, como por ejemplo el lugar donde se sienta cada uno a la mesa, es posible que nunca se haya tomado una decisión al respecto, ni puesto una norma por escrito, pero siempre ocurre de la misma manera y, si algún día se produce un cambio, hasta puede haber incomodidades. Otro tipo de reglas tiene que ver con quién hace qué, las funciones de los padres, de cada hijo… en ocasiones se llega a un acuerdo, pero en muchas otras ocurre de forma automática. Eso es lo que hace que cuando se llega a la adolescencia, de repente nos encontramos una rebeldía ante lo tradicional, lo automático, suele ser un tiempo donde tienen que explicitarse las reglas y tomar decisiones tras arduas negociaciones.

Estas reglas inconscientes se dan también en los patrones de interacción. Cuando él dice A, ella dice B y los niños C, cuando uno hace A, el otro reacciona B… de manera que siempre se da en ese orden, nadie se puso de acuerdo pero funciona así. Si tomas unos minutos para pensar en las interacciones que se dan en tu familia, encontrarás cierto esquema típico que se repite cada día, que surge de forma natural y automático. Eso no es malo, solo que a veces puede ser tan rígido que crea conflictos en el momento en que uno se salte alguna de esas reglas de relación, si alguno altera el patrón puede ser un desafío para toda la familia y no van a reaccionar bien. Otro efecto negativo es que uno lleve ese patrón de relación a su propia pareja o familia cuando la forme, ya que puede chocar con el que trae la otra parte, que viene de otra familia, con otros patrones y otras reglas también inconscientes.

Lo ideal es que tengamos flexibilidad, que hagamos lo más explícitas posibles las reglas de funcionamiento y estemos dispuestos a ajustarlas, a cambiar si es necesario, o a respetar las diferencias individuales.

Esteban Figueirido

Tomado de su libro: «Familias creativas y eficaces».