La crisis de la media vida

La crisis de la media vida

 

Algunos dicen que la etapa de los 2 años es la primera adolescencia, que en torno a los 12-14 surge la segunda adolescencia y entre los 35-45, es el tiempo de la tercera adolescencia.

En todas esas etapas se dan unos síntomas comunes:

 

–       búsqueda de identidad

Es un tiempo de crisis de identidad, la pregunta es ¿realmente quién soy?. El niño de 2 años no verbaliza ni es consciente de esa pregunta pero en su interacción con el mundo, su ansia de exploración y su conducta, está buscando una respuesta a esa cuestión. El adolescente propiamente dicho, está desubicado, busca su sitio, con sus constantes cambios no sabe muy bien quién es, cómo es, tiene el reflejo de sus padres, el de sus amigos, el de sus profesores, el de sus hermanos, el de sí mismo, y todo le lleva a una gran confusión. El adolescente de la media vida, retoma ese cuestionamiento. Ha cambiado, siente inseguridad en cuanto a sí mismo, y es como reiniciar la búsqueda para tener tranquilidad, para recuperar la seguridad en sí mismo, teniendo claro quién es y hacia dónde va.

 

–       inestabilidad emocional

En los tres momentos de la vida, uno está mas sensible, se altera mas fácilmente, tiene cambios bruscos de humor. Podemos encontrar un niño o adulto tranquilo, afectivo, hablador, como de repente, huraño, borde, negativo, inquieto… Los tres sufren por no poder controlar bien sus emociones, sobre todo el adolescente y el adulto, que son mas conscientes de esos cambios.

 

–       rebeldía o retraimiento social

Aquí tenemos dos tipos distintos de reacciones ante todos esos cambios y búsquedas que experimentan. En algunos casos encontramos una clara rebeldía, un querer hacer su voluntad a toda costa, un “no” ante todo, por defecto. En otros casos vemos mas una tendencia depresiva, que se manifiesta en el aislamiento, se vuelven menos comunicativos, mas cerrados.

 

Por otro lado tenemos características específicas de esta etapa:

 

–       evaluación

porque es un momento en el que uno hace una valoración de lo que ha sido su vida hasta ese momento. Se repasan las expectativas que uno tenía, las ilusiones o sueños, y se evalúa lo conseguido. Normalmente hay muchas cosas que uno deseaba hacer y no ha podido, aunque habrá otras que no había planificado y han acontecido.

 

–       desilusión

Una vez hecha la evaluación, la tendencia en esta etapa es ver el vaso medio vacío en vez de medio lleno. Uno se centra en ver lo que no hizo y le hubiera gustado y se desilusiona. Junto a esto está la realidad de las limitaciones que uno va teniendo con respecto a su juventud, y la sensación de que se ha pasado el ecuador de la vida, y ahora llega el período de descenso, cosa que a nadie la apetece. Encontrarse con que el rendimiento disminuye, las capacidades mentales, la memoria, la concentración, la energía física, etc… no es de mucho agrado.

 

–       “regresión”

Cuando digo regresión me refiero a esa vuelta a los comportamientos adolescentes de actuar como si uno siguiera teniendo 20 años. Entonces encontramos que personas en esta etapa se compran una moto y se visten con ropa ceñidita, vuelven al gimnasio para quitar la panza y marcar los músculos, o la madre que se prueba la ropa de su hija o compra de la misma talla, se invierte en cremas para hacer desaparecer las arrugas, etc…

Otros aspectos mas perjudiciales son los que se derivan de la necesidad de demostrar que siguen en una eterna juventud, no solo por el gasto que genera esa demostración a nivel económico, sino cuando llegan implicaciones emocionales, cuando aparece la infidelidad, que no llegará lejos pero que hace un profundo daño a la relación, bajo el impulso de demostrar que “aún puedo conquistar a alguien joven”.

 

–       la crisis y sus respuestas

Es una etapa de crisis, y en medio de ella, o te hundes o tomas mayor fuerza para seguir adelante y sacar máximo partido de lo que te queda por vivir.

El enfoque centrado en la solución, parte de una aceptación de la realidad en la que uno está, una aceptación de las emociones, de los pensamientos, de las limitaciones, pero sobre todo un esfuerzo por enfocar en las potencialidades, en las capacidades. Físicamente hay cosas que ya no se podrán hacer pero hay otras que sí. Mentalmente es una etapa muy buena, hay mucha información combinada con experiencia, es el momento de pensar y actuar con madurez, lo que antes no se podía hacer. Puede haber lagunas de memoria, o dificultad para introducir datos con la rapidez que lo hacíamos antes en nuestro cerebro, pero si que hay una gran potencialidad en la capacidad para dar un uso adecuado a todo lo que uno sabe hacer, para transmitir todo el conocimiento que uno tiene, aplicándolo a cada situación. Y aún es tiempo de soñar, y tiempo de ver que algunos de esos sueños se pueden hacer realidad.

 

En el niño o niña que dice constantemente que “no”, se está formando su persona, su identidad, está creciendo; en el adolescente, su negatividad y constante cuestionamiento, también refleja un crecimiento, un proceso en el que se pasa de niño a adulto; en la crisis de la media vida, surge otra crisis del crecimiento, es el paso por el ecuador, se entra en una nueva etapa, mas madura, con nuevos retos, pero no de declive sino de avance y desarrollo personal