El valor de las historias

El valor de las historias

 

David Epston explica como la “narrativa” implica escuchar y contar o volver a contar historias sobre las personas y los problemas de la vida. “En terapia narrativa, la esperanza, la posibilidad y descubrimiento de la competencia del cliente, aparecen cuando el problema pasa a ser el antagonista y el niño y la familia, los protagonistas.”[1]

 

–       La autobiografía

La manera como narramos nuestra historia tiene efectos sobre nosotros mismos y nos condiciona como vivimos el presente y lo que esperamos del futuro.

Se trata de eso, de contar una historia que nos de una visión equilibrada de nosotros mismos, enfatizando los recursos que tenemos a pesar de lo dura que haya sido la vida.

En la autobiografía se elabora la historia de uno mismo, donde nos permite encontrarnos con nosotros mismos, detectar lo que nos ha dejado heridas, y buscar los logros que hemos conseguido para tomar fuerzas y seguir adelante.

También nos lleva a encontrarnos con nuestra familia de origen y todo el bagaje que traemos de ella.

Te recomiendo que escribas tu autobiografía, o al menos unos datos sobre tu historia pero buscando enfatizar aquellos momentos buenos, y la forma en la cual conseguiste salir de los malos, ya que con el tiempo por el dolor que supone recordarlos, intentamos olvidarnos de que en algún momento estuvimos muy mal pero logramos salir adelante.

Es en este sentido que una autobiografía centrada en lo “negro” de nuestra vida, nos deprimirá y llevará a pensar que ha sido lamentable, pero si nos centramos en la otra cara, desde la perspectiva de que las cosas siempre pudieron ser peores, y mucho peores, entonces nos dará fuerza para seguir adelante y quedarnos con una imagen mas positiva.

 

–       La construcción alternativa de la propia historia

Se trata de cambiar la visión de la “peor historia del mundo”. Muchos miran hacia atrás como si su vida hubiera sido la mas dramática, una vida llena de fracasos, de abandonos. No hace mucho consultaba a una chica joven que había tenido muchas decepciones, primero de su propio padre, y luego de varias de las relaciones de pareja que no habían tenido continuidad. Para ella era la vida llena de fracasos. Y esa forma de ver la historia, enfocada en lo malo, en lo negativo, en el problema, limita para encontrar soluciones. Para ser “felices”, es necesario encontrar una forma alternativa de contar la propia historia que de fuerzas y abra puertas. Para esta chica, fue importante ver que a pesar de no haber tenido éxito en las relaciones con los hombres, había demostrado su capacidad de seguir adelante, es más, seguía con ganas de conocer a un “hombre de verdad”, como decía ella, mientras que lo esperable es que no quisiera ver a un hombre ni en pintura. Así que al final en vez de ver a una fracasada, lo que estábamos viendo era a una chica valiente, luchadora. Como te puedes imaginar, el efecto es muy distinto si piensas en ti mismo como un fracasado, que como un luchador que espera el momento en que logre la meta por la que lucha.

¿Cómo contaría su historia el famoso “patito feo”? Cambiaría mucho si la cuenta desde la perspectiva del pato que no era, que si lo hace desde el cisne que realmente era. Puede el Sr. Pato Feo contarnos que tuvo una vida desgraciada, rechazado por sus “hermanos”, acomplejado, triste, solitario… lo cual es cierto, o desde la perspectiva del precioso cisne que era, pensando en lo que se convirtió sin apenas darse cuenta, y lo que pudo aprender de lo que son las relaciones, la imagen de uno mismo y la importancia de tener esperanza de que las cosas pueden cambiar.

Construir una historia alternativa se trata de cambiar la manera en como la cuento, pasando de la historia dominada por el miedo, por el abandono, a la historia dominada por el valor de seguir adelante, de saber que siempre hay alguien ahí, de no haber abandonado…

–       Continuar escribiendo mi historia

Se trata de ver hacia el futuro, y que por muy mala que haya sido la historia hasta aquí, todos tenemos la posibilidad de cambiar lo que vendrá a continuación. ¿Cómo quiero continuar escribiendo mi historia? ¿qué voy a escribir a continuación?

¿Cómo ayudarías a continuar la historia de una persona de 55 años que ha tenido un tumor cerebral y ha quedado dañado de tal manera que: tiene dolor todos los días sin que la morfina se lo calme, ha tenido que dejar de trabajar, no ve bien, no camina bien y está abocado a un deterioro progresivo? Esa es la situación de un buen hombre que un día a raíz de un accidente quedó tocado de por vida.

El planteamiento útil y realista en estos casos es el de aprender a convivir con ello; como en los casos de enfermedades crónicas o de aspectos de la personalidad que están tan arraigados que no van a cambiar nunca, se trata de sacar el mejor partido, de salir del victimismo, de vivir con “calidad de vida”, es decir, teniendo en cuenta las limitaciones, vivir la vida lo mejor posible.

Sea cual sea la limitación que sientas, sea cual sea la historia escrita hasta aquí, tienes a continuación en tu vida, una página en blanco para anotar cómo quieres que esa historia continúe a pesar de las limitaciones.

 

–       Los cuentos

Creo que si algo recordamos con mucho cariño, son aquellos cuentos que papá, mamá, la abuela… nos contaban, principalmente por la noche, en ese momento en que estamos mas receptivos, mas tiernos, mas sensibles a esas historias que nos hacen soñar, que además permite tener a esa persona que tanto uno quiere a su lado por unos momentos, y que si es en la noche ayuda a quedarse dormidos ya que poco a poco va bajando nuestro nivel de actividad.

El valor de los cuentos es incalculable, en muchos aspectos:

Valor lúdico

Ya que es un tiempo de diversión, de entretenimiento y de calidad en la relación con los padres.

Valor intelectual

Porque ayuda a desarrollar la imaginación, a dar rienda suelta a los sueños, porque uno aprende cosas, crece en conocimiento, en vocabulario, en capacidades de expresión y de escucha. Se les ayuda a forjar el hábito de la lectura y la educación en valores.

Valor emocional

En primer lugar, es un tiempo dedicado a ellos, por lo que les hace sentirse especiales. Los niños se sienten amados con gestos como esos, y eso favorece el desarrollo de su autoestima y de la confianza en si mismos. Los cuentos además tienen una función muy positiva que tiene que ver con la canalización de las emociones, a través de ellos pueden entender mejor sus sentimientos, aprender a expresarlos y encontrar maneras para solucionar sus problemas. Hay cuentos escritos expresamente para ayudar a los niños a encajar la separación de sus padres, o el fallecimiento de un ser querido, o para superar miedos, inseguridades, tristezas, rabia, frustración, sentimientos de culpa, etc.

 

Vale la pena que tomemos tiempo para aprender a contar cuentos, saber elegir el cuento adecuado para cada momento y conocer algunas técnicas para contarlos, que facilitan la atención y la asimilación de los niños, teniendo en cuenta la entonación, el lenguaje que se utiliza, las pausas y los silencios, repeticiones, etc. No importa que pienses que no se te da bien, es algo que se puede ejercitar, y quizá con unas pequeñas pautas puedes hacerlo perfectamente. Por mencionar alguna de las técnicas que hay, si tienes dificultades para contar cuentos, puedes utilizar la de “el cuento equivocado”, se trata de una técnica creativa de Gianni Rodari[2], cuentos que ya están aprendidos o interiorizados se les hacen varias transformaciones con el fin de llamar la atención de los niños que deben participar corrigiendo o bien creando una historia nueva entre todos.

Ejemplo:

—Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla.

—No , ¡Roja!

—Ah, si Roja. Bueno su papá la llama y…

—No, su papá no, era su mamá.

—Es cierto. La llama y le dice: ve a casa de la tía Rosita a llevarle…

—Ve a casa de la abuela, le ha dicho ¡no de la tía!… Etc.

 

Cuando contamos un cuento, y lo hacemos de manera interactiva, es como entrar en una especie de juego, donde se encuentran varios protagonistas, el que lo cuenta, el que lo escucha e interpreta y los propios actores de la historia. Pero contar cuentos es como un juego, y ese tiempo de interacción con los hijos es tremendamente valioso.


[1] David Epston. “Medios narrativos con fines terapéuticos”. Barcelona: Ed. Paidós, 1993.

[2] Gianne Rodari. “La gramática de la fantasía”. Edit. Hogar del Libro, 1973