El poder del tacto

El poder del tacto

Este artículo es una adaptación del original escrito por Georgina Regan y Debbie Shapiro.

“De numerosos estudios se ha desprendido que el tacto es algo fundamental para la vida, y que podemos padecer verdaderos trastornos o incluso morir si estamos gravemente privados del contacto físico. El ejemplo más obvio lo tenemos con el nacimiento.

Todos estamos familiarizados con lo que hacen las hembras de los animales que lamen escrupulosamente a sus pequeños inmediatamente después de dar a luz, tras lo cual los recién nacidos tratan de ponerse en pie y empiezan a mamar. El proceso siguiente de seguir lamiendo es mucho más que el acto de limpiar la piel; también estimula la circulación de la sangre, los aparatos respiratorio y digestivo, los nervios y el sistema endocrino, para traer efectivamente al animal a la vida.

Sin estos lametones (como ocurre cuando la madre muere en el parto), el hijo puede morir también, a no ser que otro animal, o un ser humano, active en él los mismos procesos.

Masaje bebéEn los seres humanos, el período entre ocho y quince horas aproximadamente de contracciones musculares durante el parto consigue el mismo objetivo que los lametones, porque estimula las funciones vitales del feto, que de ese modo está preparado para tener una vida independiente. Se ha observado que los niños prematuros o que han nacido con cesárea, y que no han pasado este proceso, pueden ser más propensos a contraer enfermedades contagiosas, a la apatía, y son más lentos en el aprendizaje.

Podemos considerar que el tacto es fundamental para el desarrollo de la seguridad emocional, la confianza, la tranquilidad, la aceptación y la protección contra el dolor: cualidades todas que son vitales para un crecimiento equilibrado.

La sociedad moderna en la que vivimos no fomenta el tacto, al menos en el mundo occidental no tanto como en el oriental. Allí resulta normal que un niño esté en constante contacto físico con su madre o con otro adulto en los primeros días de su vida; resulta normal para los familiares dormir todos estrechamente juntos; el masaje de los bebés forma parte integrante de su rutina diaria.

En Occidente hemos creado una estructura que en realidad niega el tacto, a partir del momento en que a los recién nacidos se los llevan a una habitación separada, se utiliza el biberón y el cochecito (en vez de la teta y el cabestrillo); en cuanto al masaje, es una actividad desechada. Nos hemos alejado del tacto, hemos perdido el instinto básico de tocar. De cara a la ciencia médica, hemos rebajado la importancia del contacto humano; en vez de sujetar y aliviar la cabeza del que padece una jaqueca, le damos una aspirina.”

Hasta aquí, el fragmento del artículo de Regan y Shapiro. Ahora quiero completar esta publicación, con el resumen de un estudio realizado por Harry Harlow en los años 60, todo un clásico en Psicología Evolutiva y en el estudio del Apego y de la formación de los vínculos afectivos. Dicho estudio, proporcionó en su momento una nueva visión del comportamiento humano, en una época en la que no estaba bien visto (hasta se consideraba inadecuado para el desarrollo psicológico y fisiológico del bebé), llevarlo en brazos, besarlo, acurrucarlo, abrazarlo y tener contacto físico más allá del estrictamente necesario para su alimentación.

Os invito a ver este resumen en vídeo, pues resulta muy clarificador. La necesidad de contacto es instintiva y básica en los bebés; y la necesidad de afecto, protección y seguridad es superior a la necesidad de alimento. El alimento es importante y necesario, pero no lo es más que el afecto. Es de vital importancia el contacto “piel con piel” durante la primera etapa de vida, para criar hijos seguros de sí mismos, sanos e independientes.

Para que un ser humano sea realmente independiente, debe haber sido primero un bebé dependiente”. (E. Punset)

Creo que hoy debemos plantearnos dónde estamos y hacia dónde vamos en el camino de la crianza.