El duelo infantil I

En este primer apartado mencionamos que es el duelo, y como se manifiesta a lo largo de las etapas de la infancia y adolescencia.

El duelo es una reacción natural de dolor ante una pérdida, y puede ser cualquier tipo de pérdida: ser querido, parte del cuerpo, separación, emancipación, nueva casa o trabajo, enfermedad crónica, terminal, mascota, animal de compañía, nacimiento de hermano, juguetes, etc. Hay los duelos normales del crecimiento: la separación del cuerpo de la madre al nacer; el destete; la llegada al jardín infantil; el ingreso a la institución escolar y el reemplazo de los dientes de la niñez por los permanentes; el duelo por el cuerpo infantil y la separación de los padres al llegar a la adolescencia, el cambio de rol en la familia, etc.

 

El duelo tiene lugar cuando ocurre una pérdida significativa; esto quiere decir que está relacionada con vínculos afectivos igualmente importantes.

 

J. W. Worden describe el duelo complicado como aquel en el cual la intensificación de los factores descritos en el duelo normal están desbordados y la persona recurre a conductas desadaptativas o permanece inacabadamente en este estado sin avanzar hacia su resolución.

 

Duelo normal:

  • Sentimientos: tristeza, enfado, culpa, soledad.
  • Sensaciones físicas: cansancio, ansiedad, vacío en el estómago, opresión en el pecho, falta de aire, alteraciones del sueño y de la alimentación.
  • Pensamientos: incredulidad, confusión, pseudoalucinaciones, desatención, falta de concentración, pérdidas de memoria…
  • Cambios Conductuales : aislamiento, llanto, hiperactividad, etc.

 

DUELO SUPERADO: Hay duelos no superados por heridas no sanadas, por huir de afrontar el doloroso duelo necesario. Un duelo superado se considera cuando:

  • se puede hablar de la pérdida sin desbordarse
  • la pérdida supone un crecimiento personal
  • uno logra establecer nuevas relaciones, actividades, etc.

En ocasiones el proceso se hace muy difícil y es aconsejable acudir a un profesional, un psicólogo que te ayude a llevar a cabo un duelo adecuado, ya que duelos mal curados, repercuten negativamente en el futuro.

 

Además hay pérdidas secundarias: P.e. al morir un padre/madre o al separarse, puede haber una pérdida económica, pérdida de unidad familiar, pérdida de proyectos de futuro, pérdidas por cambios de casa o ciudad, pérdidas de celebraciones conjuntas, etc…

 

El duelo según Bowlby puede observarse desde los 6 meses.

Algunas características que se pueden observar según las edades son las siguientes:

MENOS DE 3 AÑOS

– No comprenden qué significa el concepto muerte y sus consecuencias

– Figura de apego como vínculo afectivo

Lo que más necesitan es al igual que los bebés, otorgarles afectividad y proporcionales seguridad.

Para ellos la persona que ha muerto sigue comiendo, respirando y existiendo, y se despertará en algún momento.

ENTRE 3 y 6/7 AÑOS

–       el niño domina mejor el lenguaje y su forma de entender y comunicarse con los demás se va perfeccionando; adquiere más autonomía y autocontrol y sus relaciones sociales se van extendiendo fuera del ámbito familiar.

–       Todavía no están preparados para entender el concepto de muerte (sobre todo entre los 3 y 6 años)

–       Pensamiento simbólico: Para ellos las personas, los objetos, los seres vivos no tienen límite temporal (sobre todo en las edades inferiores). Al hablarles de la muerte ellos la entienden como algo reversible, temporal e impersonal.

–       Los niños menores de 5 años se toman todo al pie de la letra. Es mejor pues decir que ha muerto, que usar expresiones como «se ha ido», «lo hemos perdido» (pueden pensar: ¿y si me pierdo yo y no se volver a casa?), «ha desaparecido», «se ha quedado dormido para siempre» (pueden temer no poder despertarse), «Se ha marchado de viaje», «Dios se lo ha llevado» … Estas expresiones pueden alimentar su miedo a morir o ser abandonados, y crear más ansiedad y confusión.

–       Entre 5 y 6 años, van comprendiendo más lo que significa estar vivo o muerto, comenzando a abandonar la idea de la reversibilidad en las cosas para introducirse en el concepto de la irreversibilidad, pero aún se aferran a que van a volver a ver a la persona fallecida, aunque se les haya explicado que eso no es posible.

ENTRE 6/7 a los 11/12 AÑOS

–       A los 6/7 años comienzan a entender el concepto de la muerte, aunque les resulta difícil pensar que ellos pueden morir o simplemente imaginarse la muerte de sus padres o de algún ser querido (familia, amigos).

–       A los 8/9 años, superan totalmente el concepto de reversibilidad dando paso al concepto de lo definitivo. Están en una fase de evolución cognitiva de las operaciones concretas al pensamiento formal (la abstracción), lo que significa que están capacitados para entender conceptos de: antes, después, ayer, mañana, pasado, presente y futuro. En estas edades comprenden perfectamente que la muerte es un proceso natural, que existe un espacio y un tiempo en todas las cosas animadas. Los niños de estas edades saben que la muerte es permanente y real.

–       Para el psicólogo William C. Kroen (2002), los tres temores más frecuentes del niño son ¿Causé yo la muerte? ¿Me pasará esto a mí? ¿Quién me va a cuidar?

–       A partir de los 9 años hacen preguntas del estilo: ¿Cuándo una persona se muere a dónde va? ¿Se lo comen los gusanos? ¿Se desintegran? De alguna manera esperan respuestas que les pueda devolver el sentimiento de seguridad que han perdido

–       Necesitan oportunidades para llorar la pérdida y es posible que también necesiten permiso para hacerlo. Se puede decir algo como: «No tienes que mostrar tu tristeza a todo el mundo, pero si quieres puedes compartirla conmigo. Si tienes ganas de llorar y estar triste a solas, me parece muy bien, pero después de estar así durante un rato, sería bueno que hablaras con alguien de como te sientes.

 

Adolescencia: Es una etapa de preguntas y respuestas: ¿Para qué estamos aquí? ¿Por qué existe el sufrimiento? ¡Nadie debería morir!. ¿Qué hay después de la muerte?

–       Pensamientos negativos como el suicidio : No quiero seguir viviendo si el/ella no está; no voy a poder vivir sin él/ella ( en el caso de la pérdida de su amor); solo deseo reunirme con él/ ella.

–       Otras reacciones: negación del dolor, pérdida de sueño, baja autoestima, impaciencia, fracaso escolar, indiferencia, falta de comunicación con sus amigos y familiares, tristeza prolongada, apatía, agresividad en el entorno familiar, expresión de suicidio, peleas, juegos de desafío a la muerte o conductas de riesgo como son el alcohol, el consumo de drogas etc. y persisten estos comportamientos después de varias semanas de la pérdida, son signos suficientes para acudir a un profesional de la salud mental.

–       El cambio de roles, cuando un niño siente que tiene que ocupar el lugar del fallecido, o ser el cuidador de otros.

 

 

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