De vuelta del campamento de verano

Estos meses estivales de Julio y Agosto, son los meses de los campamentos, por excelencia. Campamentos para niños y niñas, para adolescentes, para jóvenes, peque-campamentos, campamentos urbanos… Y hay una pregunta recurrente que hacen los papás y las mamás tras la vuelta a casa de sus pequeños, y es la siguiente: ¿Por qué en el campamento lo hace todo y en casa no hace nada? ¡Qué buena pregunta…!

2013-07-29_campamentos

Muchos niños y niñas, por estas fechas, acaban de regresar a sus hogares tras vivir la bonita experiencia de participar en un campamento de verano; y a su vez, muchas familias se hacen esta misma pregunta cuando comprueban que su hijo o hija, durante el campamento, hace la cama, recoge sus cosas, friega los platos, barre y se come toda la comida que le ponen delante sin rechistar (incluso aquellos menús que sus padres y madres tenían en la lista de “prohibidos”). ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla y la receta se puede aplicar en casa.

Veamos:

– Desde el primer día de campamento, se establecen unas normas claras y concretas, y se hacen partícipes a todos los campamentistas, de modo que todos y cada uno tienen que respetar unos horarios (si llegas tarde, te quedas sin el desayuno, o sin la actividad programada); y también tienen que tener sus pertenencias ordenadas: su cama, su ropa, su tienda de campaña, etc.

– Se reparten las tareas comunes y todo el mundo las hace… no hay alternativa: a todos les corresponde mantener el orden y la limpieza en el lugar del campamento: barrer, poner la mesa, recoger, fregar, ordenar…

– En la comida, tampoco hay alternativa. Se come “de menú”, no “a la carta” como en casa; y a nadie se le obliga a comer más, menos, o nada. Es lo que hay, si quieres lo comes, y si no quieres… te quedas con hambre. Y los chicos y chicas saben que no es posible comer ninguna otra cosa hasta la siguiente comida (sobre todo a partir del segundo día, en el que se van terminando los “suministros” que traen de casa). El hambre, hace el trabajo restante.

En casa, en la mayoría de los casos, la situación es bien diferente: mamá o papá lo hacen todo, aunque riñan y protesten, pero lo terminan haciendo. Si el niño se demora continuamente en sus horarios, no hay consecuencias. Y en la comida, se hace lo que a los niños y niñas les gusta y si no, se le cocina otra cosa. Lo que sea con tal de que coman y no tengan una rabieta. Esta situación es bien diferente, ¿verdad?

Si nuestros hijos e hijas han ido a campamentos y vuelven un poquito más autónomos y responsables, no rompamos esa “magia” y no tiremos por la borda esos logros en unos días. Sigamos exigiéndoles también en casa esa misma autonomía y responsabilidad. Sigamos estableciendo horarios y normas, y respetándolos entre todos; con la colaboración de toda la familia, todo es mucho más llevadero.

 

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Por eso yo siempre digo que es bueno tener normas en casa, algunos me dicen, eso es una tiranía, cuando mi hijo me pide permiso para coger un helado del congelador. En los tiempos que corren parece que los padres e incluso abuelos no pueden usar la palabra no con los niños!!

    Totalmente de acuerdo contigo Nuria! Es de lo más saludable poner normas, límites, decir NO cuando hay que decirlo… Más que saludable, es necesario. Es una lección muy valiosa que les prepara para la vida y les entrena en eso que llamamos “tolerancia a la frustración”, porque va a haber muchas situaciones en su vida en las que no puedan obtener lo que deseen. Así que ánimo con esas normas, y a seguir diciendo NO cuando lo necesiten!

Muy buen ejemplo para lograr autonomía enaolescentes

    Así es, Juany! Saludos!

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