¿Cómo es mi familia?

ESTILOS DE FAMILIAS Y CONSECUENCIAS

 

Hay muchas clasificaciones posibles de los estilos de familias. Entre todos los consultados he decidido partir del modelo de Nardone y col. para tomarlo como referencia a mis comentarios.

Según estos autores podemos encontrar seis tipos de familia: El tipo hiperprotector, el democrático-permisivo, el sacrificante, el intermitente, el delegante y el autoritario.

 

El estilo “hiperprotector”: como podemos imaginar, hace referencia a esas familias donde los padres están volcados en los hijos, queriendo evitarles cualquier tipo de malestar o esfuerzo, facilitándoles las cosas e interviniendo ante la mínima dificultad. Se caracterizan por ser familias muy cariñosas. La frase que representaría a este estilo es “lo hago por ti, porque te quiero y porque tu sólo no podrías”. El temor y la inseguridad son algunas de las consecuencias, se generan hijos frágiles, ya que la profecía de “tu sólo no puedes” termina cumpliéndose, creándose una relación de dependencia.

Las demás consecuencias de este estilo pueden ser, hijos que se desaniman rápidamente, que les cuesta aceptar las frustraciones y pueden responder con agresividad.

 

Estilo “democrático-permisivo”: Este es el de los padres que quieren ser colegas de sus hijos, cuando les preguntas te dicen, “somos amigos”. Lo que pronto se evidencia es la falta de autoridad. Todo se hace por consenso, las normas se pactan, todos con los mismos derechos. No hay jerarquías. Es un modelo insostenible porque tarde o temprano surgirán conflictos ya que habrá algún punto que genere posturas contrapuestas donde sea difícil el consenso y se esperaría que los padres sean los que decidan qué se hace, ante lo cual los hijos reaccionarán rebelándose ante una autoridad que le suena novedosa, a la que no están acostumbrados, y a la que finalmente no están dispuestos a admitir, con el consiguiente conflicto. Además, aún aceptando que no llegaran a tener conflictos en el seno de la familia, fácilmente pueden tenerlos en otros ámbitos, el educativo, el laboral, y en posteriores relaciones, donde den con personas que no siguen ese modelo, o en situaciones en las que nos les queda otro remedio que someterse a una autoridad, les guste o no, estén dispuestos a negociar o no.

 

Estilo “sacrificante”. La máxima de este es: “el sacrificio te hace bueno”. Los padres asumen como su deber, sacrificarse por sus hijos todo lo que puedan, cuanto mas se sacrifiquen, mejores padres son. A través de sus renuncias obtienen una posición de superioridad, ante lo cual, los otros, en este caso los hijos, son deudores ante tal entrega de sus padres. Si en algún sentido los hijos no aceptan o reconocen ese sacrificio, van a enfadarse, entristecerse, frustrarse y culparles de no ser agradecidos.

Alguna de las consecuencias serias de este estilo es que crecen niños muy consentidos, pero al mismo tiempo quedan atados emocionalmente. Se puede ver en adultos que no han conseguido romper ese cordón umbilical, que sienten una lealtad excesiva, como un enganche con sus padres o alguno de ellos, que les hace difícil vivir como ellos quieren o piensan que deben, teniendo que hacer las cosas para no molestar o desagradarles. En terapia he encontrado que este estilo es muy común y hace falta un proceso largo para conseguir superar los efectos de haber crecido con un padre o una madre de este estilo. Dicho sea de paso, los padres que son así, son muy bien vistos, ya que ese sacrificio es bien valorado en la sociedad, pero justo eso hace las cosas mas difíciles, incrementa el sentimiento de culpa, “después de lo que ha hecho tu madre por ti”, cuanto daño puede hacer una frase de ese tipo, parece que uno queda endeudado de por vida.

 

Estilo “intermitente”: Como la palabra dice, se refiere a familias que cambian de un modelo a otro constantemente, las reglas no están fijas sino que varían y se revisan cada dos por tres. Lo que esto puede generar es la sensación de estar perdidos, faltan referentes claros, un camino definido por el que andar. El temor a la equivocación hace que se esté en ese continuo cambio que no permite llegar a ninguna parte. A la hora de hacer una intervención, faltará la constancia que es algo clave para que las cosas funcionen, ya que antes de poder comprobar si es eficaz o no, ya se habrá cambiado de estrategia. Nardone nos pone un ejemplo muy típico en su libro, comenta de unos padres que se enfrentan a un hijo que quiere hacer lo que le da la gana, su primer acercamiento es con los sermones, como estos no sirven para nada, se ponen firmes y duros aplicando una medida como por ejemplo que no le darán la paga ni le dejarán el coche el fin de semana, ante cuya medida el hijo responde diciendo que ya conseguirá el dinero por otro lado y que le pedirá el coche al padre de su novia. Ante este chantaje, los padres ceden y le darán el dinero y el coche. Esta actuación precipitada, inconsistente e incoherente, hace que se refuerce el mal comportamiento de su hijo y la pérdida de autoridad de los padres. Así se formará un círculo vicioso de interacción que no ayuda a la solución de los problemas.

 

Estilo “delegante”: en las familias de este estilo, encontramos padres que delegan constantemente en otros, se podría decir que los niños tienen tres o cuatro padres que se pelean por ellos. Normalmente entre esos padres se encuentran los tíos, abuelos, miembros de la familia extensa que tienen una relación muy directa y cercana.

Es bastante habitual encontrar este tipo de conflicto cuando todos viven bajo el mismo techo. Es recomendable la independencia pero la realidad es que a veces, ya sea por comodidad, por falta de recursos o por deudas emocionales como antes mencionamos, parece que no queda otro remedio que quedarse a vivir con los padres de uno de los miembros de la pareja. Cuando se da que al formarse la nueva pareja, se marchan para una nueva casa, llevándose con ellos a algunos de los padres, los efectos son distintos que cuando se quedan en la casa de ellos. La razón es muy obvia, si quedamos a vivir en la casa de alguno de nuestros padres, ¿quién manda allí?, ¿quién pone las reglas?… Y aunque uno diga que sobre sus hijos manda él, la realidad es que se dan situaciones de conflicto de autoridades, y es en ese tipo de momentos cuando los niños juegan su papel, aprovechándose del viento que mejor les sopla. Recientemente atendía a una chica con su madre, siendo la principal fuente de conflictos la relación con la abuela, en el sentido de que la chica se sentía como traicionada por su madre, quien no la defendía aún reconociendo que en muchas ocasiones tenía la razón. La respuesta era: “ya sabes como es la abuela… además estamos en su casa…” La hija no podía entender esa situación y se rebelaba con su madre, a pesar de que en la mayoría de las cosas estaban de acuerdo. Fue necesario desarrollar una mayor complicidad entre madre e hija, sin generar mayor conflicto con la abuela.

Desde la perspectiva de los abuelos está el pensamiento de “somos y tenemos que ser una gran familia”, desde la de los padres es “evitemos todo conflicto, mejor es ceder y ya vendrán tiempos mejores”, desde los hijos “esto es injusto, me arrimo al que mas me convenga”.

 

Estilo “autoritario”: Es rígido, el lema es “el mas fuerte es el que manda aquí”. Hay unas reglas rígidas, que están basadas en valores absolutos, inmutables y eternos. Aquí se obedece y no se discute nada. Es mas habitual que sea el hombre el que asuma este rol, mientras la madre es la que justifica al padre, la que es mas conciliadora o aparece como víctima. La reacción típica que se ha de esperar, sobre todo llegada la adolescencia, donde es intolerable esa forma de interacción, es la rebeldía, la huida de diversas maneras, el estilo de vida doble, clandestino, o por otro lado, renunciarán a cualquier lucha, asumiendo todo sin rechistar, bajo una actitud de total sumisión pero cargada de sufrimiento interior. Por eso vemos las conductas de algunos adolescentes que pasan la mayor parte de su tiempo fuera de casa, hacen las cosas a escondidas, que apenas se comunican son sus padres, que lo poco que hablan es para tener acaloradas discusiones; o que por otro lado, encontramos el inicio del consumo de drogas o de otras adicciones, trastornos de la alimentación, estados depresivos, etc.

 

Como dice el autor que desarrolló esta clasificación, no todas las familias que tengan estos estilos terminan con grandes conflictos o con patologías, aquí se presentan los riesgos de cada uno de ellos. Los padres pueden tener la tendencia a alguno en concreto pero a la vez, mantener cierto grado de flexibilidad o adaptación. Yo puedo decir por mi propia experiencia que en mi familia, en concreto mi padre tuvo una evolución clara en su estilo educativo, no fue el mismo con mis hermanos mas mayores, los cuales me llevan mas de 10 años, que conmigo, y a su vez, distinto con mis hermanos mas pequeños, a los que les saco mas de 10 años (es que mi padre fue muy fecundo…). Aunque su tendencia está ahí, ha habido una evolución desde planteamientos mas rígidos a mas flexibles que considero mucho mas sanos.

 

Otras clasificaciones hablan de familias “aglutinadas”, las que son una piña, “todos para uno y uno para todos”, que tiene una red amplia de recursos para apoyarse mutuamente, pero al mismo tiempo, dificultan la identidad personal, la diferenciación de la que hablamos en un capítulo anterior, es difícil pensar por ti mismo, diferir de los “Rodríguez”, no cabe lo que no suena a “Rodríguez”, ya sea en conducta como en pensamiento y hasta en cuestión de gustos. Otros tipos de familias pueden ser las “independientes”, cada uno a lo suyo; o en términos mas patológicos se presentan las llamadas familias “neuróticas” o las “esquizofrénicas”, pero me niego a etiquetar de una forma tan limitadora a las familias.

 

En conclusión tenemos familias diferentes, con diversas formas de interacción, que pueden llegar a convertirse en rígidas, en círculos viciosos que han de romperse estableciendo una forma mas sana de relación, como dice Nardone, pasar de la “espiral viciosa” a una “espiral virtuosa”.