Año nuevo, vida nueva…

Año nuevo, vida nueva…

Entre el final y el comienzo de un nuevo año, suele ser costumbre bastante generalizada hacer planes, promesas y buenos propósitos, con la intención de corregir determinados hábitos negativos o cambiar ciertas actitudes viciadas que nos han creado problemas.Y, al mismo tiempo, diseñar nuevas estrategias o formas de responder ante las dificultades, contratiempos y adversidades, emprender proyectos, asumir retos…

Llega el año nuevo; como casi siempre, nos plantearemos metas y nuevos propósitos para nuestra vida, con la intención de mejorar, de crecer como personas, de sentirnos mejor con nosotr@s mism@s. Esto es bueno; y es muy saludable evaluar periódicamente nuestra vida.

Pero el problema es que muchos de estos propósitos se repiten todos los años; y cuando llega Diciembre comprobamos, año tras año, que una vez más no hemos sido capaces de cumplirlos. Entonces los que fueron propósitos para el año anterior, se convierten en propósitos para el año nuevo… y vuelta a empezar.
Existen muchos tópicos entre los propósitos para el año nuevo que solemos repetir no sólo año tras año, sino también entre todas las personas: adelgazar, dejar de fumar, comer más sano, ir al gimnasio, aprender inglés, ser más puntual, más organizad@, etc…

– ¿Por qué es a la vuelta de las Navidades cuando queremos hacer más cambios en nuestra vida?

Los «momentos de cambio» son los más propicios para planteamos nuevos cambios; podría decirse que «el cambio lleva al cambio». Además, la vuelta de las vacaciones (tanto las de verano como las de Navidad) es un momento de cambio hacia la “estabilidad”, ya que es previsible que nuestra vida -nuestras actividades, nuestros horarios- vuelvan a la normalidad, a la rutina; la sensación es que durante las vacaciones no hay exigencias, nos relajamos, no hay que cumplir con compromisos sociales o con rígidos horarios. Al llegar estas fechas, es pues el momento ideal para planteamos hacia dónde queremos dirigir nuestra vida y qué tenemos que hacer para conseguirlo, aunque solemos hacerlo de una forma poco reflexiva, sin valorar demasiado la importancia relativa de cada elección.

Es también razonable que nos planteemos este tipo de decisiones cuando nuestra vida cotidiana va a estar más normalizada, ya que muchos de los propósitos a los que nos referimos, son tratamientos o actividades que sólo funcionan para alcanzar “ideales” a medio/largo plazo; no sirve de nada ir un día o dos al gimnasio si mi intención es estar más en forma, tendré que ir durante un tiempo prolongado y ser constante, cosa que resulta más sencilla en épocas de estabilidad.

– ¿Es bueno o malo es hacerse propósitos de cambio?

Los propósitos de cambio son síntomas evidentes de autoestima y salud, ya que lo que me propongo es aproximarme más a mi «ideal» de persona, luego me quiero lo suficiente para visualizarme a mí mism@ de esa manera y pongo en marcha las estrategias para conseguir estar más san@, mejorar mi imagen, aumentar mis conocimientos, tener un mejor trabajo, mejorar mi relación de pareja o familiar, etc…

Lo que no es positivo es hacer propósitos irrealizables, agotadores, nada satisfactorios, que no tienen demasiadas probabilidades de llevarse a cabo y que si no se cumplen, pueden llevarnos a tener una sensación de fracaso que en lugar de mejorar la visión de nosotros mismos, va minando nuestra autoestima, llevándonos incluso a sentimientos de tristeza y frustración. En lugar de valorar lo que nos hemos acercado al ideal del “yo” que había guiado nuestra intención, valoramos sólo el fracaso, es decir, la no consecución del “yo ideal” y nos sentimos frustrados.

– ¿Qué recomendaciones prácticas podemos seguir para formular bien nuestros propósitos?

Es muy importante darse tiempo para reflexionar sobre ese «ideal de persona» que tenemos en mente y lo que verdaderamente nos proponemos alcanzar.

También hemos de ser realistas; si nunca he ido al gimnasio, no es muy razonable plantearme que voy a ir todo el año 5 veces por semana. Quizá puedo empezar por ir un par de veces a la semana y si me gusta, decidir más tarde ampliar el horario. Podemos guiarnos por lo que ocurrió el año anterior y proponernos una pequeña mejora respecto a eso; comparándonos con nosotr@s mism@s, tenemos datos más objetivos que movid@s por la ilusión y el ideal.

El abandono de un propósito no tiene por qué significar el abandono del objetivo que llevó a programar esa actividad; además, en alguna medida, el objetivo está satisfecho y en ese sentido, no tiene por qué ser un “fracaso”.

Buscar/encontrar motivaciones en la propia actividad que voy a emprender y si no se encuentran, pensar que es muy probable que posteriormente se abandone. Si la actividad que me propongo emprender, no tiene ninguna motivación en sí misma para mí, plantearme si puedo alcanzar el objetivo deseado por otros medios. Por ej. es muy común apuntarse al gimnasio con la idea de estar más sano y mejorar mi imagen, pero esto también puedo conseguirlo practicando un deporte, haciendo bailes de salón, aeróbic, etc. Y es posible que alguna de estas otras cosas me resulte placentera en sí misma.

Procurar convertir los propósitos en un estilo de vida y si realmente suponen un gran esfuerzo, acotarlos en el tiempo para poder sentir que hemos concluido con éxito lo que nos proponíamos. Podemos proponernos comer más sano (incluir en nuestra dieta de vez en cuando, alguna fruta o verdura que nos guste, siempre que disfrutemos con ello, etc.) pero si lo que vamos a hacer es una dieta de adelgazamiento, es recomendable que tenga una duración determinada; sino, siempre acabaremos las dietas abandonándolas y por lo tanto, con sensación de fracaso.

En definitiva, tener presente que por muchos propósitos que nos hagamos, es muy posible que no lleguemos a ese “ideal” que podemos colocar en un lugar inalcanzable y que como mucho, vamos a mejorar un poco algunos aspectos de nosotros mismos.

Comentarios (3)

Me ha encantado, la verdad es que siempre nos hacemos algún propósito, y yo suelo alcanzar alguno de ellos, pero normalmente, si no lo consigo, si es que no me siento frustada, ése es el que siempre consigo, el no sentirme así…

    Es cierto, Chelo, siempre nos hacemos algún propósito; pareciera que el 1 de Enero fuese una «fecha mágica», en la que todo lo que nos propongamos lo podremos conseguir (sin embargo, no es el cambio de calendario el que facilita los cambios, sino el cambio de actitud, de hábitos, de esquemas mentales…) Estos sencillos consejos nos pueden ayudar, por lo menos, a elaborar nuestra lista de propósitos con más realismo, y de forma que tengamos más probabilidades de conseguir avanzar en alguno de ellos. Pero me encanta tu manera positiva de ver las cosas: «si es que no me siento frustrada, ese es el que siempre consigo, el no sentirme así…» ¡Un abrazo, y gracias por dejarnos tus comentarios!

Un placer , gracias a tí, por estar sempre ahí .

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